20 jun. 2010

Ensayo critico: Juan Manuel de Rosas

                                                         De rosas y espinas

Hablar de Don Juan Manuel de Rosas en un ámbito sindical es referirse a uno de los tantos argentinos cuyo pensar y obrar integran afortunadamente, la magnífica tradición histórica que nutre al movimiento obrero Argentino. No obstante, debemos reconocer que su figura aún no ha sido receptada e incorporada en la dimensión que le corresponde, por los programas que nutren nuestras escuelas, academias y universidades.

En realidad el Rosas que hoy conocemos resurgió a la luz de nuestro pasado gracias a la patriótica labor de una corriente historiográfica - el revisionismo histórico - que en los albores del siglo pasado asumió como misión la de exorcizar no solamente a Don Juan Manuel, sino también a cientos de protagonistas que habían sido obliterados por los “historiadores oficiales” como Juan Facundo Quiroga .Aunque cueste creerlo, gran parte de estas figuras cuyo protagonismo político y cultural resultó esencial durante el siglo XIX, fueron menoscabadas por ciertos “relatores de la historia”, quienes empequeñecieron su protagonismo o llanamente redujeron su desempeño a cuestiones marginales.

Las grandes batallas no solamente condicionan el futuro, sino que además rescriben el pasado.

Así la confrontación de Caseros acontecida el 3 de febrero de 1852, no solo tuvo consecuencias para los años posteriores en el sentido que determino que los vencedores (una alianza constituida – entre otros factores - por el caudillo entrerriano Justo José de Urquiza y sus tropas, los unitarios, los “doctores porteños” se consolidaron en el poder y proyectaron un país - sino que además - presupuso la construcción de un relato histórico funcional a dicho proyecto de “dependencia consentida”, proyecto que entre otros componentes, fomentó el “re - poblamiento del país” a partir de una política de inmigración masiva.. Este crecimiento aluvional no fue casual. Dentro del proyecto de los vencedores de Caseros, se encontraba el de “poblar” la argentina con las “razas aptas para el desarrollo del capitalismo”. La consigna Alberdiana de “gobernar es poblar” presupuso una “apertura inmigratoria” que vino a alterar y a modificar el substrato humano y cultural de estas tierras. Entonces allí no cabían personajes como los caudillos, ya que ellos, representaban social, cultural y políticamente la estirpe y la tradición ibero –americana o indo ibero americana que quería dejarse de lado. Ni siquiera los estereotipos de nuestros criollos resultaban funcionales, por cuanto hubo que “retocar” hasta los retratos - entre ellos -los del mismísimo San Martín o los del mulato Bernardino. No vamos analizar aquí el proyecto de la generación vencedora, ya que no constituye el objeto, Pero quiero hacer hincapié que todo proyecto requiere, de una población y de un relato histórico que obre como antecedente y en este caso, la generación vencedora de Caseros, construyó o mas bien intentó construir uno haciendo tabla rasa con acontecimientos y protagonistas significativos y sustanciales de nuestra magnífica tradición iberoamericana.

Rosas no será considerado por la Historia como un tirano, quizá lo sería como el más grande y glorioso de los argentinos, los historiadores liberales repudiaron a Rosas en parte por plantear un proyecto de país distinto al que deseaban. Condenado al infierno de esa versión que se convertiría en “la oficial” pasó a ser el maldito de nuestra historia. Y nos enseñaron a odiarlo.

El revisionismo histórico que como sostuvimos, vino traer justicia, emergió paradójicamente del propio “riñón” de quien mayores esfuerzos realizó para socavar la figura de Rosas: Don Bartolomé Mitre.. Por que para el no se podía juzgar a Rosas y a su época con independencia de los “nobles odios” que todo buen liberal debe conservar siempre a la “tiranía”. Mitre entendía que “al dejar de execrar al tirano, se lo llegaba a comprender”

Parece que el tiempo es tirano. Sin embargo, antes de concluir, quisiera reflexionar sobre alguno de los desafíos revisionistas.

Si bien el Revisionismo histórico ha logrado acreditar ante la historia la figura de Rosas, como vimos, su labor no culmino allí y se extendió hacia el rescate de otros protagonistas, acontecimientos y componentes esenciales de nuestro pasado que habían sido ocultados y desvirtuados por la historiografía de cuño liberal, entre ellos, la tradición hispánica, uno de los pilares esenciales de nuestra identidad nacional, por eso necesario resaltar que dicha tradición es “uno” de los componentes de nuestra cultura.

En ese sentido debemos ser plenamente concientes que si bien el revisionismo ha triunfado, ya que su labor ha determinado que cada año que transcurre las nuevas generaciones van cambiado de posición respecto a Rosas y los Caudillos, y además, que tarde y temprano su protagonismo se consolidará en los ámbitos educativos guste o no guste en los albores de este siglo, un nuevo desafío revisionista se nos presenta, el de la incorporación al relato histórico de los Argentinos de los componentes sociológicos, políticos, históricos y culturales de nuestra herencia prehispánica.

“toda la historia es nuestra historia” aunque a veces queramos quedarnos un una sola parte de ella”, Somos el conquistador y el indio, el inmigrante esperanzado y el gaucho condenado. Somos los dos, no uno de ellos solamente. Si nos quedamos con uno de los dos, siempre llevaremos a cuestas un cabo suelto sin anudar, siempre cargaremos un asunto inconcluso que no lograremos cerrar, siempre habrá un pedazo de nosotros que no lograremos integrar. Y todo aquello que uno no contacta ni incorpora y, por tanto, no cierra, eso no desaparece, continúa llamando, sigue siendo un mensaje en espera de ser recibido, reclamando, ser escuchado” , Es en el sentido descripto que tenemos que orientar la recuperación de nuestras culturas prehispánicas milenarias, es decir con aspiraciones de integración. En tal sentido la figura de Juan Manuel de Rosas emerge del pasado hoy, no como aquel exponente de un cesarismo vernáculo, sino como el emergente de un mayoritario sustrato plenamente argentino que en ciertos períodos ha logrado imponerse el poder”.

Esperemos que Don Juan Manuel nos ilumine en este nuevo desafío para de esta forma construir un futuro sustentado en una tradición y una historia que, como señalamos en alguna oportunidad, debe ser objeto de orgullo.


                                                                                                      Jerez Marcela

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